En la primera noche de la temporada del Real Madrid como local, el Bernabéu reservó sus aplausos para una figura familiar: Kylian Mbappé. El francés, luciendo la Camiseta Real Madrid Niños, selló la victoria por 4-1 con un hat-trick. Su sexto hat-trick con el Real Madrid, solo superado por Ronaldo y Benzema en este siglo, demostró que la camiseta blanca ya no era una nueva prenda a la que adaptarse, sino un símbolo que reforzaba su título de "sucesor del número 10". Vinicius Jr. contribuyó con un gol y una asistencia, Bellingham aportó dos asistencias, y los tres veteranos conectaron directamente en el campo, dejando claro a la afición: el pivote ofensivo de los Galácticos no necesita ser reconstruido, solo necesita ser reforzado.

El verdadero punto de inflexión del partido no se produjo en el momento del gol, sino en el centro del campo. En la primera parte, el Real Madrid empataba 1-1 con la Real Sociedad. La amenaza de que Carreras tuviera tarjeta amarilla en la banda izquierda fue neutralizada por Mourinho: Cucurella lo sustituyó en el minuto 46. La banda izquierda, antes impenetrable, se convirtió en una opción versátil, abriendo nuevos espacios en el último tercio del campo. No fue solo suerte con un simple cambio; fue una reorganización completa del sistema de numeración de las Conjunto De Fútbol por parte del entrenador: quién debía llevar qué camiseta, en qué línea y quién debía ceder su puesto a quién. La gestión táctica al estilo Bernabéu de Mourinho comenzó con esta sustitución. Dos victorias consecutivas y el título son solo la punta del iceberg; la verdadera fuerza reside en la recuperación del sistema.

Un equipo que genera ilusión nunca es solo una colección de fotos de superestrellas. Los remates de Mbappé, la combinación de Bellingham, las jugadas explosivas de Vinicius, la cobertura de Cucurella en el lateral izquierdo y el control del ritmo por parte de Mourinho: las once posiciones estaban en su sitio, transformando la "alineación estelar" en una "máquina de victorias". Lo más cautivador de la nueva temporada del Real Madrid no es solo otra victoria por 4-1, sino que el Bernabéu por fin ve dos cosas a la vez: una camiseta blanca usada como arma y una mano que sabe cuándo y a quién dársela. Cuanto más se perfeccione esta máquina en los próximos partidos de La Liga, más se extenderá el festín más allá de una simple victoria inaugural.